LEVANTE LA MANO Y SEÑALE…
“lo acercará sin defecto” (Vaikra 1,10)
Si su ofrenda será con ovejas, con corderos o con cabras, acercará un macho sin defecto. Y estudiaron nuestros sabios, que la exigencia de integridad en los sacrificios aparece solamente en los animales, y no en las aves. Si por ejemplo, encontramos un ave ciega, será apta para el sacrificio.
Pero también aquí existe un límite, si al ave le falta un miembro, o se le ha secado una pata, o cortado, si ha perdido un ojo, no es apta y no se podrá acercar para el sacrificio, como está escrito: “de las aves”, y no todas las aves.
Y de aquí podemos aprender algo también nosotros, es decir, para nosotros. Tenemos doscientos cuarenta y ocho preceptos (activos o positivos), dijeron nuestros sabios, de bendita memoria, frente a los doscientos cuarenta y ocho miembros del cuerpo. Dichosa la persona que pueda cumplir todos los preceptos con integridad…, entonces su presencia espiritual será íntegra, y llenará todo el espacio con su luz.
Y existe quien cumple, pero sin integridad: por ejemplo, la Tefila, la oración, sin concentración. Un precepto, con apresuramiento (no con apresuramiento positivo, con el fin de apurarse y cumplirlo en su momento, sino con apresuramiento negativo para empezarlo y terminarlo lo más pronto posible, y quitarlo de nuestro camino), o sintiendo que estamos perdiendo algo por cumplir con él. Son doscientos cuarenta y ocho preceptos y muchos de ellos serán “defectuosos”. Estos sacrificios defectuosos, si se acercan con un ave, como los sacrificios de los pobres, pueden ser ofrendados. Pero con una condición, que no esté el precepto fallado por completo, que no se considere como un ave al que le falta un miembro…
Debemos ser cuidadosos en no saltear sobre ningún precepto. Que no pase un día sin ponernos los Tefilin, Jalila. Que no nos falte una Tefila o una bendición. Porque a quien le falta un precepto, tampoco será apto siquiera para ofrendar el sacrificio del pobre, tampoco será aceptado como el sacrificio con un ave…
Nosotros debemos saber que cada movimiento, cada sacudón, cada golpe, hasta también cada paso, es un hecho concreto. Por concurrir a la Tefila recibimos la “recompensa por los pasos”, por cada paso que debemos realizar hacia el Beit Hakneset (casa de oración) y lo mismo cuando nos dirigimos al Beit Hamidrash (casa de estudio).
Y estas son las palabras de Rabenu Najman Mibreslev ztz”l: Hakadosh Baruj Hu se alegra y recibe grandes satisfacciones también con el hecho sencillo del hombre más simple entre los simples del pueblo de Israel, inclusive entre los malvados, y los que cometen pecados en Israel, todo tiempo que son parte y tienen el nombre de Israel en ellos, o sea, mientras todavía tengan fe, Hashem Itbaraj recibe satisfacciones y se enaltece con ellos por cada movimiento simple que realizan, a veces, en su oración, o si cumplen cierto precepto.
Y podemos decir más: cada acto entre nuestros actos, es separado de nosotros y a la vez separado en muchas pequeñas partes, y cada una de esas partes tiene su influencia en el Cielo por sí misma…
Digamos ahora: un hombre está parado rezando su oración, se dobla y se inclina, y se balancea adelante y atrás, una y otra vez, hasta que da los tres pasos hacia atrás. Da el Shalom hacia la derecha, luego hacia la izquierda, y hacia el frente. ¡Cuánto representa todo esto en el Cielo! Y hablamos sólo de una vez, pero lo hacemos tres veces por día, día tras día, y también año tras año…
El gaon rabi Meir Tvi Bergman, en su libro “Shaare Ora” (parte 2,81), escribió lo que escuchó de su suegro, el Maran “Avi Ezri” ztz”l, que escuchó de la boca de Rabenu Iser Zalmen Haleivi Mibrisk ztz”l, palabras que fueron transmitidas de hombre a hombre, desde que fueron dichas por Rabenu Jaim Mivoloshin ztz”l.
La esposa del Gaon de Vilna ztz”l era la encargada de reunir la caridad junto con otra mujer de las mujeres de Vilna. Las dos caminaron y caminaron, y envejecieron juntas hasta que el caminar se les hizo muy dificultoso. Pero continuaron con su gran obra, con gran esfuerzo, fortaleciéndose mutuamente y sabiendo que en el Cielo tendrían preparada una gran recompensa. Eso les daba la fuerza necesaria para continuar…
Hicieron un pacto de señoras, estrechando sus manos, que la primera de las dos que partiera hacia el mundo de la verdad, se presentaría en sueños a su compañera y le contaría lo que sucede en el Juicio Celestial, y qué recompensa recibe por los esfuerzos realizados para la recaudación de fondos que se repartían entre las personas pobres.
La compañera fue la primera en despedirse. Y se le presentó en sueños a la esposa del Gaon de Vilna, como habían pactado, y le dijo: no tengo permiso para revelarte lo que ocurrió en mi juicio. Pero, debido a que estrechamos nuestras manos, me dieron permiso para que te diga sólo una cosa.
Espero que recuerdes que una vez, fuimos las dos juntas a recaudar dinero para caridad, y al acercarnos a la casa de tal señora, nos informaron que no estaba en su casa. Seguimos por nuestro camino, y de pronto tú señalaste con tu mano y me dijiste: ¡ahí está, es ella, al otro lado de la calle! Cruzamos la calle, hablamos con ella, y nos dio su contribución…
Bien, tienes que saber, que por esa acción, el dinero de caridad que recibimos está anotado para nosotras dos, por igual, pero en tus méritos está escrito que tú levantaste la mano y que la señalaste con el dedo…
Para enseñarnos que todo movimiento, cada gota de sudor, cada paso, cuando tuvo una intención buena, desde luego, tendrá su recompensa en el mundo venidero.
Traducido del libro Maian Hashavua.
Leiluy Nishmat
Israel Ben Shloime z”l
Lea (Luisa) Bat Rosa Aleha Hashalom
Iemima Bat Abraham Avinu Aleha Hashalom