
...Cuando entren en la Tierra que yo l,es entrego, la Tierra guardara un Shabat de cese por el Eterno... Parashat Behar -Vayikra 25-1
El séptimo año del ciclo de los siete años de trabajo de la tierra, llamado en hebreo el año de la shemitá - es decir, el año de descanso de la tierra de Israel. Es por eso que cada siete años rigen en la tierra de Israel, algunas leyes especiales relacionadas con los cultivos, con el producto agrícola el mantenimiento y cuidado de jardines y campos agricolas.
Las leyes de Shmita solo se aplican en la tierra de Israel, estos límites del territorio los encontramos en la Torá en el libro de Bamidvar, en parashat Masé:
"Le habló D'os a Moshé diciendo: Ordena a los hijos de Israel y diles a ellos: Cuando ustedes vengan a la tierra de Quenaan, ésta es la tierra que recibirán como herencia, la tierra de Quenaan, de acuerdo a sus límites" (Bamidvar - Números - 34:1-2).
Hay una santidad especial en esta tierra y vivir en la tierra que D'os le entregó al pueblo de Israel es un gran mérito, pero esto demanda de nosotros una serie de obligaciones. En el libro de Vaikrá, por ejemplo, vemos que de nuestro comportamiento depende la lluvia y el fruto de esta tierra:
"Si con Mis leyes se encaminarán y Mis ordenanzas observarán y las cumplirán, Yo daré vuestras lluvias en su tiempo, y la tierra dará su producción y los árboles del campo darán su fruto" (Vaikrá - Levítico - 26:3-4).
Además, podemos ver que la paz en la tierra también depende de nuestro comportamiento, como continúa diciendo la Torá en parashat Bejukotai:
"Y daré paz en la tierra, y se irán a dormir y no habrá quien os asuste, y erradicaré a las fieras salvajes de la tierra y la espada no pasará por vuestra tierra" (Vaikrá 26:6).
Más adelante, comentando el pasuk que dice: "Y comeréis de la vieja cosecha, y la vieja cosecha despejarán para dejarle lugar a la nueva" (Vaikrá 26:10), el gran excegeta Rashí explica:
"Y comeréis de la vieja cosecha explica Rashi: los frutos se mantendrán y serán tan buenos para conservar, que la producción de tres años atrás será mejor para comer que la del año anterior", y sobre "Y la vieja cosecha despejarán para dejarle lugar a la nueva" comenta: "pues los lugares de silos estarán llenos de la nueva cosecha y los lugares de almacenamiento estarán llenos de la vieja cosecha, y ustedes tendrán que despejarlos para poner allí la nueva cosecha".
Para completar ese proceso, si cumplimos con nuestras obligaciones, la Torá concluye:
"Y pondré Mi residencia entre ustedes y Mi Ser no los despreciará a ustedes. Y Me conduciré entre ustedes y seré vuestro D'os y ustedes serán Mi pueblo" (Vaikrá 26:11-12).
Las mitzvot, los preceptos que la Torá nos ordena cumplir sobre la tierra de Israel son netamente agricolas, es decir que dependen del terreno mismo y los frutos que éste produce.
Hay mitzvot que sólo se pueden cumplir en la tierra de Israel, como la separación de Trumot u Maasrot, las ofrendas para los Cohanim y los Leviim conocidas tambien como las leyes del diezmo, es decir sacar la décima parte de la producción agrícola.
Otra de las Mitzvot que dependen de la tierra de Israel es la Shemitá, el año de "descanso" de la tierra de Israel o año sabático. Un año en el cual no trabajamos la tierra, no podamos los árboles y solo les damos el mantenimiento minimo para que estos sobrevivan.
También hay otras mitzvot que no dependen de la tierra de Israel como por ejemplo: la mitzvá de la jalá - la ofrenda a los cohanim de las masas con las cuales se hace pan, y la orlá - los primeros tres años del árbol frutal, en el cual sus frutos están prohibidos y no se deben consumir. El cuarto año lo llamamos neta revai y tiene leyes especiales respecto de los frutos.
Antes de adentrarnos en las leyes concernientes a la shemitá, debemos comprender que las bases de este importante precepto se apoyan en la Emuná y el Bitajón, es decir, en la firme creencia y seguridad del pueblo judío en el Todopoderoso - Quien es El Proveedor de toda las riquezas que esta bendita tierra nos da.
En las palabras del Séfer Hajinuj:
"La razón de esta mitzvá es implantar (lehashrish) profundamente en el pueblo de Israel la virtud de la emuná (fe) y el bitajón (seguridad) en D'os, por cuanto que el Todopoderoso sospechó que el pueblo judío lo olvidaría, perdiendo la seguridad en Él y pensando que gracias a la fuerza y el poder de sus manos consiguen todo lo que tienen, ya que el mundo no tiene quien lo dirija...
Por tal razón, D'os quiso que el pueblo de Israel no se comporte como se comporta el resto de los agricultores, y les ordenó que trabajen la tierra durante seis años y en el sexto año incrementó la cosecha para que alcance para los siguientes tres años y de esta forma los ojos de los judíos estarán dirigidos hacia D'os, así como lo hicieron en el desierto cuando recibían man (maná) diariamente. De la misma manera, la esencia del año sabático es que ellos no trabajen la tierra, no siembren y no cosechen, y sólo confíen en el milagro que D'os les hará, haciendo que la cosecha del sexto año les alcance para tres años consecutivos".
Otra razón para esta mitzvá está basada en lo que dice el pasuk en el libro de los Tehilim (Salmos): "L'Hashem haaretz umloá", es decir, que toda la tierra es de Él, y es por eso que la persona no debe llegar a pensar que de su trabajo depende la cantidad de grano que cosechará. Por tal razón el Todopoderoso nos ordenó sembrar y cosechar durante seis años, y dejar descansar la tierra en el séptimo año (Ketav Sofer).
Se cuenta sobre el Rabino de Ponevitz, que en la víspera de Rosh Hashaná de shemitá antes de la puesta del sol, se acostaba sobre la tierra y con los brazos extendidos besaba la tierra y le deseaba "gut shabes mame erd" - shabat shalom madre tierra.
Por generaciones, el pueblo judío ha estado viviendo en el galut (diáspora). Dos mil años hemos esperado para poder regresar a esta tierra, ¡nuestra tierra! ¡Dos mil años de anhelo! ¿Para qué? ¿Acaso en otros países nos faltaba algo?
Por supuesto que nos persiguieron y no dejaron que nos desarrollemos como pueblo, tanto cultural como religiosamente. En los mejores casos nos mantuvieron separados en guetos o barrios aislados. ¿Nos permitieron seguir viviendo en su tierra? Entre otros acontecimientos debemos recordar la inquisición, la revolución francesa con sus gritos de igualdad, la gran emancipación en la cual pensamos que finalmente nos aceptaron como una parte integral de la comunidad y la cultura; la revolución rusa - en la cual todos pasaron a ser miembros de una misma clase. ¿Acaso nos aceptaron?
En mi opinión, una de las más grandes bendiciones de D'os - que al comienzo tendría que haber sido una maldición, la de de Bilam al pueblo de Israel - fue que el pueblo judío está destinado a ser: "Am lebadad ishkón ubagoim lo itjashav" - "un pueblo que vivirá solo, y no será aceptado entre los pueblos".
¿Acaso esto no es exactamente lo que ha ocurrido y sigue ocurriendo? Seguimos siendo un pueblo que vive solo, pero yo lo pondría en una perspectiva mejor: un pueblo único que tiene un D'os único, y que sigue leyes sobrenaturales de la supervivencia, ¡un ejemplo único en este mundo!
Durante muchos años la tierra de Israel no dio frutos, no logró ser habitada, fue conquistada constantemente por distintos pueblos; grandes culturas dejaron sus huellas sobre ella; grandes legiones pelearon sangrientas batallas sobre ella. ¿Dónde están ellos? ¿Aparte de piedras y cántaros, o una vitrina en algún museo, dejaron algo más?
Nuestra tierra expulsa a quienes no tienen el mérito de vivir en ella.
El famoso escritor americano Mark Twain, escribió sobre su visita a la Tierra de Israel en el año1867:
"Recorrimos varias millas de una región desolada cuyo suelo es muy rico pero está consagrado íntegramente a las malezas - una extensión de tierra silenciosa y lúgubre. Aquí hay una desolación que ni siquiera la imaginación puede adornar con la fastuosidad de la vida y la acción. Llegamos a Tabor sin problemas... no vimos a ninguna persona en toda la ruta. Seguimos adelante con el propósito de nuestra cruzada: la célebre Jerusalem. Cuanto más avanzábamos, más caliente era el sol, y más rocoso y desolado, repulsivo y deprimente se hacía el paisaje... No había casi ningún árbol ni arbusto por ningún lado. Incluso el olivo y el cactus, esos amigos fieles de un suelo estéril, habían casi abandonado la región. No existe ningún paisaje que resulte más tedioso a la vista que aquel que bordea las entradas a Jerusalem... Jerusalem es lúgubre, deprimente y sin vida. No desearía vivir aquí. Es una tierra sin esperanzas, lóbrega y acongojada... Palestina yace penitente.
Sobre ella se cierne el hechizo de una maldición que ha marchitado sus campos y coartado sus energías... Palestina es desolada y desagradable. ¿Y por qué debería ser de otra manera? ¿Puede la maldición de D'os dar belleza a una tierra? Ya no forma parte de este mundo prosaico".
Por otro lado, el Gran Rabino Moshé Ben Najmán, conocido como Najmánides o Rambán llegó a la Tierra de Israel en 1260 y le escribió a su hijo:
"¿Qué puedo decirte acerca de la Tierra? Hay muchos lugares abandonados y la desolación es inmensa. Todo queda reducido a lo siguiente: cuanto más sagrado es un lugar, más ha sufrido. Jerusalem es desolada en su gran mayoría, Judea lo es mucho más que Galil. Sin embargo, en toda su desolación es extremadamente una buena tierra... sin embargo con toda esta desolación es una... buena tierra!".
Después de tantos años sin poder volver, se nos ha dado nuevamente la posibilidad de habitar esta tierra, y vemos cómo la profecía se cumplió totalmente, pues el pueblo de Israel vive en ella (Devarim 30:3-5). Israel es un "milagro verde", como es llamado. Frutas de todo el mundo crecen en esta tierra, no sólo naranjas, plátanos y manzanas, sino también algunas de las más exóticas, como el lichi, la carambola (star fruit), el kiwi, la papaya, la anona chirimoya, el locuat, la guayava, las guindas, la feijoa, etc. ¿Podemos decir que esto no es un milagro? Las ciudades han crecido como nunca en la historia del asentamiento judío sobre esta tierra: las grandes inmigraciones de judíos de la Unión Soviética, del Norte y Sud América, ¿acaso no son un símbolo de la Providencia y una prueba irrefutable de la supervisión eterna del Todopoderoso sobre Su pueblo?
Creo que hay pocos trabajos que dependen tanto de la fe, como el del campesino. Si la tierra no es regada con suficiente lluvia, toda su producción se secará y él perderá todo el trabajo y el esfuerzo que puso. Si el clima no es el adecuado para su crecimiento también perderá su inversión, y ¿de Quién depende todo esto? ¿Acaso podemos controlar el clima, la lluvia, etc.?
Nuestros Sabios nos enseñan que hay tres llaves que no están en nuestras manos:
"Dijo Rabí Iojanán: hay tres llaves que están en la mano de D'os y que no fueron entregadas a ningún emisario, y ellas son: la llave de las lluvias, la llave de la parturienta y la llave de los difuntos. La llave de las lluvias, como está escrito: 'Abrirá D'os Su buen almacén, el cielo, para dar la lluvia de tu tierra'" (Taanit 2a).
¡Fe!, Sin ella no plantaremos nada, y por supuesto, el amor que tenemos por esta tierra hace que el judío a través de las generaciones cumpla con el mandamiento de la shemitá, como diciéndole al Todopoderoso: Gracias por este regalo. Gracias por esta éretz tová urjavá sheinjalta labotenu - esta tierra buena y amplia que has hecho heredar a nuestros padres. Gracias por estos tres años de producción que me darás si sólo dejo descansar Tu tierra. "Shabat shalom madre tierra".
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