Adaptación Rav Gabriel Guiber
La Hoja

La Hoja 9 de Av

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¿NOS FALTA ALGO?

El toro conoce a su dueño y el burro su comida...

Israel no sabe, Mi Pueblo no piensa...

 (Haftara, Ieshaiahu 1,3)

 

Explica Rashi: Israel no sabe – no vienen para saber, y Mi Pueblo no brinda su corazón para pensar...

Esto significa – dice el rab hagaon Arieh Shejter ztz”l – que nuestro problema principal es la falta de atención. Y si este problema existe todos los días, más y más preocupante será en estos días, los de Ben Hametzarim (las 3 semanas de duelo).

La dificultad comienza porque nosotros no tenemos idea de cómo se veía la vida del pueblo de Israel en el tiempo en que funcionaba el Beit Hamikdash.

No probamos ese gusto tan maravilloso. Por lo tanto, no entendemos en forma suficiente, cuál es la necesidad y sobre qué estamos haciendo duelo o por qué lloramos...

Por eso, es muy importante entender algunos conceptos, como ser, lo que sucedía cuando todo el pueblo de Israel subía a Ierushalaim tres veces al año, para ver y hacerse ver frente a Hashem.

Cuando Israel subía al Beit Hamikdash, en las tres festividades, ellos debían prepararse para esto en forma digna.

 

Purificaban sus corazones, para asociarse con sus almas, y limpiar sus manos de todo pecado.

Ellos – en ese momento – se paraban para ver el rostro (metafóricamente) de Hashem, y, ¿acaso sería posible presentarse ante el Rey con vestimentas desgarradas, con todo tipo de suciedades? Sabemos, que es imposible esconderse de Su Presencia, y tampoco, ocultarle ninguna cosa. Todo está sabido y revelado frente a Hashem, y no hay nada oculto a Sus Ojos, inclusive los pensamientos de las personas o su astucia...

Así, el precepto de subir a Ierushalaim en las festividades, provocaba enderezar las cosas torcidas en los corazones de todo Israel.

Pensando y pensando, encontramos cierta similitud junto a los piadosos, que se acercaban para estar a la sombra de los grandes justos de cada generación.

Ellos no eran imprudentes. Sabían que no podían estar junto a la presencia de su rebe, con la suciedad y lo profano de sus vidas de todos los días.

“La sabiduría del hombre ilumina su rostro”, y también lo contrario... Ellos, sabían de qué forma los observa el justo, saben que cuando los mira a los ojos, descubre la situación espiritual de cada uno.

Por eso, antes de entrar a su cuarto, purificaban sus almas. Algunos entraban a ver a su rebe con sus sombreros inclinados hacia adelante, para que el rebe no pueda mirar sus frentes, y ver sus pecados. Otros piadosos, hacían – justamente – lo contrario: mostraban sus frentes, para que sus pecados sean revelados, y el rebe les indique la forma de corregirse.

En el “Zohar Hakadosh” encontramos, que sobre la frente de cada persona, están señaladas las veintidós letras del “Alef-Bet”. Y cuando – lo alenu – una persona peca – en lo que sea – una de las letras se oscurece.

Es sabido sobre el “Arizal”, que veía la frente de una persona, y entendía en qué había pecado y cuáles eran sus falencias.

Cuentan sobre uno de los alumnos del “Haari” Hakadosh, que se presentó junto a su rabino, y éste le dijo que había visto en él que carga con el pecado del robo.

El alumno estaba extrañado y a la vez, asustado. No entendía en qué podía haber pecado, porque siempre era muy cuidadoso y no se permitía – siquiera – nada que tuviera la mínima sospecha del robo.

Pero, si su santo rabino atestiguaba sobre su persona, con seguridad había algo en sus acciones.

¿Qué hizo?

Fue e hizo público, en toda la ciudad de Tzfat, que si alguien tenía alguna queja monetaria contra él, hasta la queja más pequeña, que se acerque y se lo haga saber...

Pasó un corto tiempo, y llegó a él una mujer viuda, que le dijo: hace un tiempo me compraste uno de los productos que yo vendía. Fijé el precio, pero tú me

pagaste dos monedas menos, argumentando que era el valor justo.

Tal vez, acepté el descuento, pero no lo hice con la integridad de mi corazón, porque yo soy muy pobre, y esas dos monedas son muy valiosas para mí. Si no fuera que eres un hombre importante, no habría aceptado el descuento.

El alumno le pagó a la viuda las dos monedas de ese descuento unilateral, le pidió perdón, y fue a ver al “Haari” Hakadosh, que al verlo, ahora le dijo: “Tú estás – ahora – puro y limpio”.

De paso, podemos traer la explicación de Rabenu Iona, en su libro “Shaarei Teshuva”, que una persona como ésta, a la que la gente se avergüenza de contradecir sus palabras, no tiene que pedirle a nadie que le haga un favor, pequeño o grande, porque le resultará incómodo negarse a su pedido. Y si hace algún pedido de esta clase, está pasando por una prohibición (Vaikra 25,46): y con tus hermanos, los hijos de Israel, un hombre no someterá a su hermano con trabajos forzados.

Rabenu Iona agrega que no deberá pedir a las personas, ni siquiera un poco de agua o que salga (para él) a la calle a comprar un trozo de pan...

También en las últimas generaciones tuvimos personas muy grandes, que tenían una fuerza especial para ver lo que otros no pueden ver.

Yo tuve el mérito – continua rabi Arieh – de “refugiarme a la sombra” del “Jazon Ish” ztz”l durante casi diez años, desde los dieciséis años hasta los veintiséis. No sólo una vez, fui testigo de la fuerza que tenía para “ver” a lo lejos. Y a pesar de que necesitaba usar anteojos, porque era “corto” de vista, la fuerza de su vista espiritual atravesaba cualquier muralla.

Cada vez, antes de entrar a su cuarto, mi corazón se llenaba con un temor muy grande, un temor que emanaba honor y respeto, y traía elevación.

No era posible entrar a verlo, sin una preparación, sin un despertar en arrepentimiento. Hasta – algunas veces – llegué a sumergirme en la Mikve (Tevila o baño ritual), y sólo entonces, podía entrar a su cuarto. Para hablar con él hacía falta temor y respeto...

Sólo dos veces – en toda mi vida – entré a ver al “Jazon Ish”, en forma repentina, sin preparación. Y presté atención, que esas veces, no me recibió como lo hacía de costumbre.

Me observó cierto tiempo, y me volvió a observar... Ese corto tiempo parecía una eternidad, y entonces, me preguntó: ¿quién eres?, ¿Arieh?... no te reconocí...

Ahora, volvamos a los tiempos en que el Beit Hamikdash estaba construido.

Imaginemos un iehudi que abrió una discusión con uno de los vecinos de su edificio. La pelea fue creciendo día a día, y todos los vecinos se sumaron a la contienda, algunos en favor de uno de los vecinos, algunos en favor del otro vecino.

Pero, esto no termina allí. Como una bola de nieve, la pelea pasa a las familias, discuten también dentro de las familias, y hasta pueden llegar a un divorcio...¡Hashem nos guarde!

Como el fuego que se propaga en un campo de espinas, la pelea pasa a los edificios próximos, de allí a las calles cercanas y lejanas, hasta provocar la destrucción, en toda la ciudad...

Y llega el tiempo de subir a Ierushalaim en las festividades.

El iehudi que comenzó con la discusión – también – debe subir a Ierushalaim – al Beit Hamikdash – en la fiesta.

El no puede “escapar” de su culpabilidad en este asunto, y se pregunta a sí mismo: Hakadosh Baruj Hu sabe que yo provoqué todo este fuego tan grande y terrible... ¿cómo podría ser tan sinvergüenza, para presentarme frente al Creador, con semejante cara? No tengo alternativa, sino disculparme – en público – con el vecino, apagando el fuego de la discusión que está quemando en toda la ciudad...

Ahora, después de haber tenido la necesidad de disculparse – en público – con su vecino... pensará mil veces antes de pronunciar palabras que puedan causar una discusión o un enojo nuevos.

Encontramos, que subir a Ierushalaim en las festividades provoca una transformación seria en nuestras cualidades, obligando a un balance de nuestras acciones muy profundo y verdadero, sin dejar ningún punto abandonado.

Nosotros decimos en las oraciones: “por nuestros pecados, fuimos expulsados de nuestra tierra... y nosotros no podemos subir (a Ierushalaim) para ver e inclinarnos ante Ti, en Tu Beit Hamikdash”.

Pregunta el “Mateh Levi”: tal vez podamos entender que no podamos “ver” el Beit Hamikdash, pero, ¿por qué no podemos inclinarnos?, toda persona puede inclinarse en su casa, frente a Hashem Itbaraj...

Explica que la inclinación en el Beit Hamikdash se hacía extendiendo brazos y piernas, hasta apoyar el corazón en el suelo. Este proceso, purifica – por completo – el corazón, quitando cualquier torcedura, y esto, no es algo que se pueda conseguir inclinándose en la casa...

Y por cuanto que todo el que sube a Ierushalaim, en la fiesta, realiza, con anticipación, un balance de sus acciones, intentando corregir todas las cosas que requieran corrección, esto hace que, ahora, se establece una Halaja (Ley) muy especial:

También la persona que durante todo el año, se ve como ignorante, con grandes limitaciones en lo que concierne a la pureza e impureza... al subir a Ierushalaim se hace “importante”, como cualquier otro experto en cuestiones de pureza.

Así, todos podrán alegrarse, y esta igualdad de condiciones genera una gran hermandad, uniendo los corazones. Esta hermandad comienza antes, cuando se aprestan a viajar a Ierushalaim, también cuando durante el año, todos se conducían por distintos caminos. Ahora el camino es hermandad y alegría...

Arieh Shaag.

Leiluy Nishmat

Israel Ben Shloime ztz”l

Shlomo Ben Simi z”l

Rab Itzjak Ben rabi Shalom Mordejai Shevadron ztz”l

 

Lea (Luisa) Bat Rosa Aleha Hashalom

Iemima Bat Abraham Avinu Aleha Hashalom

Clara Bat Elías Aleha Hashalom

Rivka Bat Mordejai Jaim Aleha Hashalom