Shmuel Kaffe
Para Reflexionar Juntos

vanidades

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Sueños vanos de la humanidad

En su libro, Mijtav Me Eliyahu nos enseña Rav Desler zz[l:

“Ahora entendamos la ilusión del sueño de la humanidad sobre un mundo sofisticado en todos los aspectos del materialismo…”  

En mis palabras, podría decir es que un mundo en el que no nos satisfacemos y no nos hartamos con nada, y lo podemos notar cuando sentimos que lo que tenemos necesitamos renovarlo, y lo que compramos hoy estará obsoleto mañana.

Sin embargo, si frenamos este impulso en el mundo, parecería  que no habría aspiraciones, no sentimos la falta de algo. Pero en nuestra generación esto nos es difícil de detectar, porque lamentablemente siempre sentimos que nos falta algo, por ejemplo, si tenemos el último modelo de... queremos otro que tiene más potencia, mas memoria, mayor velocidad, etc. Incluso si vamos al supermercado, volvemos  a casa con la sensación de nos faltó comprar algo…

Creemos y tal vez estamos convencidos de que si no llenamos nuestras satisfacciones materiales, el mundo estará falto de alegría, satisfacción y placer, y por esto buscamos en lo material un “tapón”  para este vacío.

La respuesta a este “síndrome humano” es que nos faltan las satisfacciones espirituales, las que nos llenan verdaderamente y nos hacen sentir completos. Llenamos nuestro ser es con placeres materiales que tapan nuestras falencias.

Tenemos que saber y entender los beneficios que podemos lograr con la búsqueda espiritual. Al llenarnos emocionalmente, por medio de nuestro crecimiento,  podremos lograr la tranquilidad, la paz interna, el bienestar emocional y un profundo sentido de propósito en la vida.

Al preocuparnos de encontrar un balance espiritual que nos lleva a minimizar el estrés y la ansiedad, también curamos ese deseo de adquirir sin límite.

Nos preguntamos cómo podemos llenar este vacío, esta falta de satisfacción mediante la reflexión. En términos de lo espiritual neto, en la Yahadut tenemos la Tefila—la oración. Si nos entregamos por completo a Nuestro Creador, con todo nuestro corazón y todas nuestras fuerzas, esta tefila por seguro reducirá los síntomas de falta, de vacío, de depresión, de estrés y de angustia diaria, porque el saber que hay un Creador que maneja el mundo y guía todas nuestras acciones, nos trae un sentimiento de paz, y nos lleva a la conclusión de que ¡yo no manejo nada! Entonces ¿por qué  preocuparme, para qué estresarme?

Un ejemplo clásico de cómo algo o alguien se puede hundir en el materialismo es el de un barco, porque si lo llenamos con mucha carga (materialismo), la línea de flotación baja, y puede llegar a hundirse si no se le descarga a tiempo.

Así pasa con lo material que “cargamos” en nosotros, este nos hunde y nos hace menos sensibles a nuestro entorno y a la sociedad. Vivimos para nosotros, metidos en lo nuestro y cada vez más aislados de la sociedad y la humanidad. Incluso hoy en día hay muchos trabajo que se desarrollan en el grato ambiente hogareño, ¡ya ni siquiera vamos a trabajar! Todo queremos hacerlo solos.      

Un recuerdo de mi infancia que me marcó una lección de por vida:

Hace varios años en el sur de Chile, en Valdivia, entramos en un pequeño bar a tomarnos unos refrescos, en ese negocio vendían solo cerveza, malta con huevo o con harina tostada y bebidas. Me acuerdo que pedíamos en el mesón algo para beber, y nos sentábamos a escuchar “la canción” que estaba “sonando” en la “sinfonola”* que estaba en el centro del local, cuando esta melodía terminaba, si queríamos otra canción, había que poner una ficha o un par de pesos en la ranura de la maquina, elegíamos una nueva canción en la botonera, y  bajaba “el” disco de 45 RPM que se ajustaba en el “torna mesa” y ¡comenzaba la canción! (cada disco tenía dos lados, con una canción por lado, y con cada ficha se podía escuchar una sola canción).

Hoy en día, cuántos de nosotros experimentamos “la falta” de música nueva, a pesar de que llenamos el “reproductor de mp3” con cientos o miles de canciones, muchas veces ni siquiera terminamos una canción cuando estamos pasando a otra carpeta para escuchar una nueva, buscando todo el tiempo más y más…

   En esos tiempos, le dábamos importancia a la canción, a la que elegimos la que escuchábamos hasta el final y pagábamos por ella, era el placer de escuchar en ese momento esa música, porque cada canción era importante para nosotros y en ella encontrábamos un grado de satisfacción.

Este vacío espiritual lo podemos llenar cumpliendo con las Mitzvot y con la Oracion. La Tefila, que te muestra un propósito y claridad en la vida. Al meditar sobre ti y tu entorno entiendes mejor quién eres y le encuentras un significado más profundo a tu existencia. La Tefila diaria te da fortaleza para enfrentar los desafíos y aceptar las dificultades con mayor resistencia manteniendo la esperanza en momentos difíciles.

Te ayudará a entrar en un mundo de congregación, a mejorar tus relaciones, a desarrollar el concepto de compasión, ayuda al prójimo, la empatía y la capacidad genuina de perdonar a los demás.

Quiera HaShem que en este año que comienza, sepamos tapar el vacio que nos deja la carrera cotidiana por el materialismo y podamos  llenarla con elementos espirituales como mitzvot y maasim tovim—buenas acciones. Que podamos reforzar el concepto de Emuna y Bitajon—Creencia y Seguridad en El, sabiendo que todo es manejado desde arriba, por lo tanto no tengo de que preocuparme. Hay un “JEFE del Mundo”, ¡HaShem li ve lo yira! (tengo a HaShem, y no tengo por que temer).

 

*La máquina tocadiscos que había en los bares se llama juke-box o sinfonola, para hacerla funcionar se insertaba una moneda o una ficha para poder elegir una canción. Tenía botones con letras y números para marcar el tema musical preferido.