Adaptación Rav Gabriel Guiber
La Hoja

La Hoja Parashot Nitzavim - Vayelej 1

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BS”H

ETERNIDAD… 

El Ramjal, rabi Moshe Jaim Luzatto ztz”l, en el Mesilat Iesharim (la senda de los justos), escribió sobre la cualidad del cuidado (o precaución):

El asunto de la precaución, consiste en que la persona se cuide en sus acciones, es decir, que piense y analice sobre las acciones y los caminos (que llevan a esas acciones), si son buenas o no tanto, para no abandonar su alma hacia el peligro o la perdición – Jas Vejalila – y no conducirse por costumbre (o por inercia), como lo hace el ciego en la oscuridad.

Y esto es algo en que la mente nos obliga, y con seguridad, ya que cualquier persona tiene el entendimiento suficiente para salvarse a sí mismo y escapar de la perdición de su alma, entonces, ¿cómo puede ser posible que quiera cerrar los ojos de su propia salvación?

No existiría algo tan tonto y cosa mala que esto, y si vemos que alguien lo hace, estaría por debajo de los animales y las bestias, que por naturaleza (e intuición) se cuidan a sí mismos, escapándose y desapareciendo ante cualquier cosa que vean que puede dañarlos.

Y el que se conduce por el mundo sin pensar si sus caminos son buenos o malos, es como el ciego que camina junto a la orilla de un río, donde su peligro es verdadero y muy grande, y el mal está más cerca que su salvación...

Hasta aquí, las palabras del Ramjal, que nos enseña, que quien va por este mundo sin pensar si sus caminos son buenos o malos, es como el ciego que camina por la orilla de un río, que en cualquier momento está propenso a caer dentro del río.

Y en verdad, se trata de cosas simples – dice el rab hagaon Reuben Karelinstein ztz”l – que hace falta pensar, y analizar, cada una de nuestras acciones. Si tuviéramos un conocimiento verdadero sobre la importancia de cada precepto y precepto que cumplimos, todas nuestras acciones se verían muy diferentes…

Cuando – por ejemplo – bendecimos el Bircat Hamazon, si pronunciamos la bendición con integridad y con la concentración adecuada, así quedará – tal cual – para la eternidad, durante miles de millones de años, sin límite. Pero, si hay un defecto en el precepto – lo alenu – el defecto quedará así, también, para siempre.

¿Qué significa “eternidad”? Cuando era niño, mi padre ztz”l me llevaba con él, a escuchar al Mashguiaj, rabi Iejezkel Levinstein ztz”l, en la Ieshivat Poneviz. A veces, los padres piensan que los niños pequeños no entienden, pero sepan todos, que ellos escuchan muy bien, y las palabras entran hasta los huesos, tanto para bien, y Jas Vejalila, para mejor…

Y yo recuerdo – muy bien – al Mashguiaj, parado frente a los oyentes, para explicar qué significa la eternidad: Nosotros estamos aquí, en el salón de estudios – enorme – de la Ieshivat Poneviz. Imaginemos que todo el salón está lleno de granos de trigo – desde el piso hasta el techo. ¿Cuántos granos de trigo pueden entrar en este salón? Es imposible contar, millones o billones… todo el salón cubierto, hasta el último espacio, con granos de trigo… De pronto vemos, en un extremo del salón, una hormiga, que muerde uno de los granos de trigo. Durante un año, esta hormiga, alcanza a comer un grano de trigo. ¿Cuánto tiempo le llevará comerse todos los granos que llenan todo el salón de la Ieshiva? Millones o billones de años. ¿Acaso podrá comer todos? Supongamos que tiene mucha constancia, y come un grano de trigo cada año, llegará un momento, después de billones de años, en que comerá todos los granos…

Porque también, una cantidad tan grande como ésta, al final puede terminarse. Y cuando termina de comer, otra vez llenarán el salón de granos, y nuestra hormiga, comenzará de nuevo… Y la rueda vuelve a girar, con lo cual, los granos nunca se acabarán… A esto lo llamamos eternidad.

Una persona vive – en este mundo – ciento veinte años, y necesita prepararse para la eternidad. ¿Cómo se verá su eternidad?, depende de las acciones que pueda hacer aquí, en este mundo.

Dijo rabi Jaim Mivoloshin ztz”l: la gente se equivoca, cuando piensa que existe un lugar llamado Olam Haba – mundo venidero – y que después, de días y años muy largos, si cumple preceptos, entrará a ese mundo. Es un gran error pensar así. Las personas, durante los años de vida aquí – en este mundo – con los preceptos y las buenas acciones que hacen, construirán su propio mundo venidero. En ese mundo que construyen durante los años de vida, entrarán después de los ciento veinte años. Todas las acciones construyen parte de ese mundo. Si las acciones tienen integridad, sin defectos – así se verá el mundo venidero, pero, si a las acciones les falta algo – también ese mundo venidero no será íntegro, tendrá cosas que le faltan…

Si vivimos con este pensamiento, toda nuestra vida cambia, y resulta ser un gran fortalecimiento, que cada uno de nosotros puede hacer realidad…

Escuché sobre un vendedor de Etroguim, al que todos los años llegaba el Staipeler ztz”l, para comprarle su Etrog. Cuando el Staipeler entraba y comenzaba a buscar su Etrog, se veía como quien se dirige a realizar un negocio muy importante. Y cuando – finalmente – encontraba un Etrog para su gusto, su rostro se llenaba de alegría. El vendedor no quería recibir dinero del Staipeler, pero él pagaba por el Etrog, de acuerdo a lo que entendía que sería su valor. Un año, el Staipeler pagó un valor – tal vez – exagerado, sobre el Etrog que eligió. El vendedor intentó explicarle, que el Etrog nunca podría alcanzar ese precio. El Staipeler lo miró, sonrió, y le dijo: Yo quiero explicarte qué es lo que tú me das, y qué te doy yo a ti. Tú me das a mí un Etrog, porque tú vendes Etroguim, pero, ¿acaso tienes idea qué es un Etrog?, un Etrog es un precepto, y un precepto es “todo”. ¿Y yo qué te doy?, dinero… Iz Gurnisht, es decir, nada… dinero no es nada, entonces, tú me das todo y yo no te doy nada, ¿aquí hay algo que reclamar? Esta es la verdadera forma de ver el mundo. La vida eterna frente a las vanidades de este mundo…

Y el balance de nuestras acciones, no debemos hacerlo – solamente – sobre nuestros pecados. Desde luego, que cuando caemos en algún pecado, es necesario revisar nuestras acciones y corregir el camino. Pero junto con esto, es necesario hacer un balance – también – sobre los preceptos que cumplimos, para ver si es posible cumplirlos con mayor integridad, más al detalle, con más alegría… Si supiéramos cuál es el valor – infinito – de cada precepto que cumplimos, la forma de ver y buscar cumplir con el precepto, cambiaría y con eso, toda acción que hacemos aumentará nuestro patrimonio, y hará que el mundo que estamos construyendo, sea más completo… 

Sentí un gran despertar en los últimos tiempos – sigue diciendo rabi Reuben – cuando vi un cartel muy grande, en la entrada de un comercio donde venden productos alimenticios. El cartel estaba escrito con letras de la “Bendición de la Luna” (se escriben con letras muy grandes porque, normalmente, lo leemos en la calle, y en la calle no hay mucha luz): la gran diferencia se siente en la caja (se refiere a la caja registradora de algunos comercios, en el momento de pagar lo que llevamos).

Semejantes palabras de reproche, en Bnei Brak, no se vieron jamás, desde el día de su fundación… mi corazón tiembla, cada vez que vuelvo a pensar en el significado de esas palabras:

Aquí, en este mundo, no sabemos cuál es la diferencia entre una acción de favor, que hacemos con esfuerzo, con ganas, frente a la misma acción de favor, que hacemos con menor esfuerzo. Pero la gran diferencia – se siente al pagar…

Cuando llegamos al Mundo de la Verdad, donde se paga por los preceptos que cumplimos, y Hakadosh Baruj Hu paga la recompensa que nos corresponde por el precepto cumplido - ¡allí se ve la diferencia!, y podemos comprobar que no existe comparación entre un hecho y el otro…

En los días en que el rab hagaon Eliahu Eliezer Dessler ztz”l, vivió en Londres, enseñando Tora en una Ieshiva, llegó una vez, para visitar la tierra de Israel. Durante la visita, escribió una carta a sus alumnos, sobre lo que vieron sus ojos en esta tierra. Entre otras cosas, contó, que la mayoría de los habitantes de Ierushalaim vivían en la extrema pobreza.

Pero había un iehudi, que, comparado con el resto, se lo consideraba rico, y tenía una costumbre muy buena, que quiso contar: Este iehudi, cada vez que casaba un hijo, visitaba la casa de huérfanos “Diskin” y preguntaba sobre los diez huérfanos más pobres. A cada uno le compraba un traje nuevo, y decía: Hashem me dio el mérito de casar a uno de mis hijos, y yo vestiré como novios, a diez de los Hijos de Hashem…

¡Cuánta sensibilidad! Tuve la curiosidad de ver la calidad de los trajes que compró a los huérfanos, y comprobé que eran los mejores trajes…

Fui a ver al hombre rico, y le dije: ¡Dichoso!, porque también, en el día de tu alegría, no te preocupas sólo por ti, sino de alegrar a los demás. Y aunque tú eres mejor comerciante que yo, quiero hacer una observación comercial. Me parece que has cometido un error de cálculos… Tú puedes vestir un traje lujoso, una o dos horas en un día, tal vez, durante uno o dos años. Los trajes que compras a los huérfanos, los vestirán durante billones de años… es un traje eterno…

De allí mi pregunta: ¿qué traje debe ser de mejor calidad, el que compras para ti, o el que compras para ellos? Ya llega Rosh Hashana, es tiempo de saber diferenciar…

Ieji Reuben – Iamim Noraim.

LEILUY NISHMAT

Israel Ben Shloime ztz”l

Daniel Israel Ben Iehuda ztz”l

Shlomo Ben Simi ztz”l

Rab Itzkaj Ben rabi Shalom Mordejai Shevadron ztz”l

 

Lea (Luisa) Bat Rosa Aleha Hashalom

Leah Guitel Bat Rajel Aleha Hashalom

Sofía Bat Baruj Aleha Hashalom

Iemima Bat Abraham Avinu  Aleha Hashalom

Olga Bat Rosa Aleha Hashalom

Clara Bat Elías Aleha Hashalom

Rivka Bat Mordejai Jaim Aleha Hashalom