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NO HAY TIEMPO…
En Rosh Hashana – como es sabido – nosotros coronamos al Rey del Mundo, y así está escrito en el tratado de Rosh Hashana (hoja 17a): dirán frente a Mí, Maljuiot, para que Yo reine sobre ustedes…
Nosotros rezamos: Rey sobre todo el Mundo, para Su Honor… y dirá, todo el que tiene el alma (en su interior), el D-s de Israel, ¡Rey!, y Su Reino está por sobre todas las cosas…
En la bendición de la Amida “Ata Kadosh” – desde Rosh Hashana hasta Iom Hakipurim – nosotros sellamos la bendición con “Hamelej Hakadosh”. Y en la oración de Musaf, dedicamos una parte de la Tefila, por demás honorable, con versículos sobre el reinado, y sellamos: “Baruj… Rey sobre toda la tierra, que santifica a Israel y al Iom Hazicaron” (al Día del Recuerdo, uno de los nombres del día de Rosh Hashana).
Ya en la oración de la mañana (Shajrit), inmediatamente después de los “Pezukei Dezimra” (los últimos capítulos del Tehilim que se pronuncian todos los días antes del “Ishtabaj”), el oficiante levanta la voz, y su primera palabra (según la costumbre Ashkenazi) es Hamelej, (el Rey) cuando todavía está sentado en su lugar. Y una vez que se para en el lugar del oficiante, continua con la Tefila…
Pregunta el rab hagaon Arieh Shejter ztz”l – ¿por qué, la primera proclama (el Rey) la hace desde su asiento, antes de avanzar hacia el lugar donde se para para oficiar la oración?, ¿por qué no comienza después de llegar a su lugar?
No encontramos esta costumbre en otros días del año, ¿qué cambió este día respecto a los otros días?
Está escrito en el libro Mateh Levi: esto se compara con un grupo de ladrones, que entraron a uno de los pueblos para secuestrar a un iehudi. Primero le robaron y lo despojaron de todas sus pertenencias, y después, lo esposaron y lo arrastraron hasta su escondite. Mientras ellos caminaban por las calles del pueblo, pasó el rey, en su carroza real, y cuando el iehudi vio al rey seguido de su corte, enseguida, gritó, con todas sus fuerzas: ¡Hamelej! El rey escuchó, hizo detener su carroza, y todos los ladrones se escaparon… el rey ordenó liberar al iehudi de sus esposas, y lo dejó en libertad.
Durante todo el año, nosotros estamos apresados y atrapados en las redes del Ietzer Hara (el instinto del mal), gobernados por él. Intentamos liberarnos de las cadenas, pero, él es más fuerte (no olvidemos que es un Angel). Llega Rosh Hashana, y levantamos la voz: ¡Hamelej!, y gracias a este grito se escapan todos los acusadores…
Todo el año estamos acostumbrados a vivir bajo el gobierno del Ietzer. Estamos acostumbrados a vivir con las manos atadas. Con mucha facilidad nos resignamos y le obedecemos. No nos preocupamos por cuidar la pureza del corazón y del pensamiento. No cuidamos nuestros ojos, oídos y boca. Y, hasta podemos decir: yo no tengo la culpa, es el Ietzer Hara. Me tiene encadenado y su gobierno sobre mí no tiene límite…
Para cualquiera de nosotros que se encuentra en esta condición, hay un solo consejo: grita con todas tus fuerzas: ¡Hamelej!, ¡Abale, ayúdame! El grito tiene que salir del corazón, Haz que El reine sobre ti. Y verás como el Ietzer se escapa, a toda velocidad…
La pregunta es: ¿por dónde comenzamos? Lo primero, estamos completamente seguros de que El es el Rey, por encima de todo y de todos.
Si una persona nos diera cincuenta mil dólares, durante todo el día, nuestra cabeza estaría ocupada en pensamientos: ¿cómo hacer para que esta persona esté conforme con nosotros?, ¿qué hacer para que sepa que le soy fiel?, ¿acaso puede pasar por mi cabeza la idea de hacer algo – frente a sus ojos – que le pueda provocar enojo?
Hakadosh Baruj Hu – el Rey del Mundo – no te dará, solamente, cincuenta mil dólares, te da mucho más, te da toda la vida. ¡Todo viene de El! Hashem te abre los ojos cada mañana, te da la posibilidad de caminar, hablar, escuchar… todo, nos da todo, y sin El, no tenemos nada…
¿Cómo no sentimos vergüenza para hacer cosas contra Su Voluntad?, ¿cómo podemos ser tan desvergonzados para traicionar y hacer enojar al Creador?
¿Qué es lo que las personas, tienen, y los animales no tienen? Baruj Hashem, tenemos conocimiento, criterio, pensamiento… Una persona necesita vivir con su pensamiento, como está escrito (Leja Dodi, de rabi Shlomo Elkabetz): el final es el hecho – el pensamiento, primero.
Pero, cuando el hombre entra en una vida de rutina, la costumbre golpea su sensibilidad, y lo gobierna. Ahora, hace lo que se le ocurre, sin usar el pensamiento. La fuerza de la costumbre lo controla, y ya no presta atención a sus acciones, que – normalmente – traicionan al Rey.
La Baraita de rabi Pinjas Ben Iair – sobre la que se basó el Ramjal (rabi Moshe Jaim Luzzato) para construir su Mesilat Iesharim (la Senda de los Justos) – detalla con minuciosidad la escalera por la cual se elevan las personas, donde se van armando – una detrás de otra – nuestras cualidades, una virtud después de otra virtud, y cada cualidad nos va elevando más, y así vamos alcanzando una elevación cada vez mayor.
Entre otras cualidades, él enumera la cualidad de la limpieza y la pureza, y dice: la limpieza nos lleva al Perishut (apartarnos del mundo material, tanto como sea posible), y el Perishut nos lleva a la pureza. ¿Cuál es la diferencia entre limpieza y pureza?, ¿y por qué, la pureza, es una categoría más elevada que la limpieza?
Nos explica el Mesilat Iesharim: La cualidad de la limpieza, se explica así: el hombre necesita cuidar su alma, para que no se ensucie. Y esto no viene solo… La fuerza del acostumbramiento nos empuja hacia el mal, y sin un cuidado especial nunca conseguiremos salvarnos del mal. Después de cuidarnos de todo mal y adquirir – para el alma – la cualidad de la limpieza, podremos alcanzar el Perishut. Y cuando conseguimos separarnos de toda cosa mala, y nos santificamos con las cosas que están permitidas, estaremos preparados para la pureza…
Y todo se consigue con la costumbre, la costumbre rutinaria puede llevarnos al mal, pero hay otra costumbre – contraria – no rutinaria, de apartarnos del mal, que nos llevará hacia todo lo bueno. Si hasta ahora, la costumbre nos empujaba hacia el mal – ahora – cuando el alma se acostumbra a lo bueno, nos salvamos del mal gracias a la fuerza del acostumbramiento, también sin invertir – hasta el momento – en cuidado y pensamientos.
Es como si hacemos un programa (hoy diríamos aplicación) para el alma, de forma que, en el momento en que caemos en algo no bueno, automáticamente, evitamos la acción… ¡Esto es pureza!
Esto, implica una transformación en la materia, donde hay distintos niveles: Nefesh, Ruaj y Neshama. Los animales tienen Nefesh, los seres parlantes tienen Ruaj, como está escrito (Bereshit 2,7): y el hombre fue un ser vivo… y el Targum Onkelus: Ruaj Memalela, un espíritu (o alma) parlante. Y el iehudi tiene Neshama.
Hay muchos otros niveles, y hay distintas clases de Neshama. Una persona puede llegar a los niveles más altos, y con ese nivel hace su servicio al Creador y se prepara para su propia eternidad, en el mundo venidero. En este mundo – el Olam Haze – nosotros preparamos nuestras provisiones para el viaje. Lo que alcanzamos a preparar durante los días de nuestra vida – llevaremos al mundo de la eternidad, y lo que no consigamos – se perderá, será una pérdida eterna.
Hay un ejemplo conocido, donde cuentan sobre un hombre que le hizo un gran bien al rey, salvándole la vida. El rey quería agradecer a este hombre, ¿acaso hay algo más valioso que la vida?, y este hombre se puso en peligro, para salvar la vida del rey… Ordenó a sus siervos para que abran – frente a este hombre – todos los tesoros del reino, pero, con un límite de tiempo: todo lo que alcance a juntar en cinco minutos – será suyo. Cuando terminara el plazo, el hombre deberá salir del tesoro real, con la recompensa en su mano…
El rey no estaba tranquilo, y pensó: en cinco minutos, este hombre puede vaciar el tesoro real, ¿qué puedo hacer? Uno de los consejeros del rey, trajo una buena idea: pondremos tres músicos – uno en la entrada del palacio, otro en los pasillos y el tercero en la entrada del tesoro real. Cuando el hombre llegue al palacio y pase por esos tres lugares, se sentirá atraído por las melodías que provocarán que el tiempo pase sin que se dé cuenta… Y así fue. Cuando pasó por la puerta del palacio, se detuvo a escuchar los sonidos que llegaron hasta su alma. Pasó un minuto, reaccionó, y recordó que el tiempo era limitado y debía apresurarse. Dejó el lugar y corrió hacia el interior del palacio. Allí, otra vez lo detuvo la música, unas melodías mucho más agradables… Un minuto detenido y volvió a reaccionar: el reloj no se detiene. Corrió, y en la puerta del tesoro. Otra vez se detuvo a escuchar, y cuando reaccionó ya era demasiado tarde… Volvió y salió del palacio, con las manos vacías… En la casa, lo esperaba la esposa, con el sueño de una nueva vida…
Llegamos al mundo con una gran bolsa en la mano. Y en nuestros años de vida, podemos llenarla, y debemos llenarla, aprovechando este tiempo, que es nuestro, para la eternidad, y lo que no alcancemos… se pierde…
Arieh Shaag – Iamim Noraim.
LEILUY NISHMAT
Israel Ben Shloime ztz”l
Daniel Israel Ben Iehuda ztz”l
Shlomo Ben Simi ztz”l
Rab Itzkaj Ben rabi Shalom Mordejai Shevadron ztz”l
Lea (Luisa) Bat Rosa Aleha Hashalom
Leah Guitel Bat Rajel Aleha Hashalom
Sofía Bat Baruj Aleha Hashalom
Iemima Bat Abraham Avinu Aleha Hashalom
Olga Bat Rosa Aleha Hashalom
Clara Bat Elías Aleha Hashalom
Rivka Bat Mordejai Jaim Aleha Hashalom
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