Rav Arie Natan
Visiones

Parashat Jayé Sará

Parashat Jayé Sará. Voluntario y Obligatorio. En nuestra parashá encontramos un extenso relato sobre la elección de Rivká como futura esposa de Isaac por medio de Eliézer, el siervo de Abraham. Los sabios comentaron esta extensión no usual:
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Parashat Jayé Sará.

Voluntario y Obligatorio.

En nuestra parashá encontramos un extenso relato sobre la elección de Rivká como futura esposa de Isaac por medio de Eliézer, el siervo de Abraham. Los sabios comentaron esta extensión no usual:

"Dijo Rabí Aja, es más bella la plática de los esclavos de los patriarcas que las enseñanzas de sus hijos; así, lo dicho por Eliézer se extiende en dos o tres páginas, mientras que las normas sobre animales impuros, por ejemplo, y otros conceptos fundamentales de la Torá no fueron enseñados sino a partir de palabras supuestamente superfluas..."

Por lo tanto, enseñanzas importantes podemos estudiar de la plática de Eliézer en la elección de Rivká. Eliézer busca una novia que coincida con el modelo de educación impreso en la casa de su amo. Ella debe ser una persona que tenga un comportamiento de amor al prójimo, y no solamente en circunstancias en que este comportamiento le sea demandado, sino que debe ser una bondad activa, una persona que busque cómo ayudar al prójimo incluso más allá de lo que el prójimo solicite. Un comportamiento tal expresará que esta cualidad es algo natural en ella y no una conducta adquirida; esta expresión de la bondad fue aprendida por Eliézer en casa de su maestro, del mismo modo que la fe clara en que el Creador le presentará a la persona adecuada. Cualidades como la fe (emuná) y la bondad (jésed) responderán a las expectativas que el siervo de Abraham aprendió del modo de actuar de su amo.

La expresión de los sabios que la plática del siervo es más valiosa que la enseñanza del hijo, es un principio que necesita ser aclarado. La característica que más sobresale en el servicio a Dios expresado por Abraham, más que cualquier otra cualidad, es su entrega y generosidad. Abraham, nuestro patriarca, no sólo es benéfico con los demás cuando se lo piden, sino como consecuencia de una bondad interna y natural que se encuentra en él y que busca aparecer; así todo el sistema que gira en torno a su forma de servir al Creador, no proviene del hecho de que fue mandado a ello, sino de la completitud que poseía en su amor a Dios, como atestigua el versículo: "descendencia de Abraham, mi amado...", completitud en el temor a Dios, como se declara: "ahora se que eres un temeroso de Dios...". La revelación que recibe de la presencia divina es una consecuencia directa de la necesidad de expresión de su voluntad interior de servir a Dios, como continuidad necesaria de este "despertamiento personal" se derivan la revelación divina, las bendiciones, las promesas y los mandatos.

En el Talmud, se cuenta sobre LAB Yosef, que era ciego, y acostumbraba decir que si viniese un sabio que le comprobara que un ciego está exento de cumplir los preceptos, haría un día festivo para los sabios, ya que pensaba que era más meritorio cumplir sin estar obligado a hacerlo que cumplir como consecuencia de un mandato. Por lo tanto si existiese un estudio que lo liberara de la obligatoriedad de los preceptos, y aun así los cumpliera podría sentirse beneficiado de un nivel espiritual mayor que el de sus colegas. Sin embargo, cuando escuchó que la opinión de los sabios es diferente y ellos sostienen que "es más meritorio quien estando obligado cumple los preceptos que quien los cumple voluntariamente", cambió de pensamiento y declaró que haría un día festivo cuando le comprueben lógicamente que un ciego está obligado al cumplimiento de los preceptos.

El establecer este principio sobre lo meritorio de la obligación por sobre lo voluntario, parece a primera vista un tanto sorprendente: La lógica humana concluirá simplemente que un voluntario, que actúa no como consecuencia de una orden, expresa una grandeza personal mayor que la de aquella persona cuyas acciones están fijadas por patrones externos y obligatorios. Entonces se plantea la pregunta de porqué una conducta obligada es más meritoria que una voluntaria, para responder esta cuestión encontramos dos perspectivas centrales entre los sabios.

1) Una opinión basada en la naturaleza psicológica humana sostiene que una obligación causa en el hombre un rechazo, una abstención de realizar la acción que está obligado a hacer. Los malos instintos humanos suelen controlar las acciones cuando el ser humano sabe que no tiene elección; mientras que la conciencia que al realizar una acción voluntaria será siempre permitido que deje de hacerla, "tranquiliza" a los instintos negativos y así le permite a las fuerzas positivas que tiene la persona que puedan sobreponerse sobre su personalidad. Por lo tanto es más meritorio el hombre obligado, ya que necesita para poder llegar a realizar preceptos o conductas dictaminadas de una fuerza interna suprema lo cual no es necesario en quien actúa voluntariamente, ya que los instintos, que tratarán de llevarlo a que transgreda el mandato, son muy fuertes. Situación interna psicológica que no encontramos en las acciones voluntarias.

2) Otras opiniones explicaron el tema de manera que el mérito del hombre obligado radica en que cumple la voluntad del Soberano, lo cual no ingresa en el marco de las acciones posibles, que pueden ser realizadas o no, sino que se definen como una obligación divina absoluta, por lo tanto quien cumple con la voluntad divina, que es obligatoria y absoluta, es más meritorio que quien cumple aquello que es definido como posible, no siendo algo absoluto ni derivado de un mandato divino. Esta explicación presenta paralelismo con la idea de que la Torá fue necesaria entregarla en el monte Sinaí desde una perspectiva de obligatoriedad, como lo describen los sabios "les puso el monte sobre sus cabezas", es decir que esta necesidad surge de la voluntad divina de proclamar que la entrega de la Torá a Israel no se defina como algo posible, sino que es una ley natural, una obligación absoluta, que proviene de la verdad divina que Dios, Israel y la Torá son una misma cosa; por ende no corresponde que haya desconexión entre estos conceptos. Además la existencia del universo depende de la entrega de la Torá a Israel, por lo tanto es imposible que se exprese la entrega de la Torá como algo posible, voluntario.

Los sabios de Israel profundizaron mucho sobre la pregunta central referente a la fe (emuná). Si el conocimiento de los principios de la fe es necesario que provenga del ser humano, como consecuencia de una investigación intelectual que traerá al creyente a la conciencia clara en la veracidad de la fe y de sus principios, o tal vez la fe provenga de una revelación divina, profecía, etc. La principal dificultad de la opinión que sostiene que la fe debe provenir del intelecto es el hecho que conocemos los límites del intelecto humano, y por lo tanto estamos concientes de su incapacidad de dilucidar todos los detalles y principios de la fe.

Sin embargo, está claro también que la fe proveniente de una revelación divina, tiene la carencia de ser una impresión externa al creyente, como una obligatoriedad que lleva al creyente a creer y no surge de su espíritu interior, que lo elevaría hasta el nivel de la fe. Por lo tanto, debemos concluir que la fe más excelsa es aquella que se construye sobre una combinación que incluye dentro suyo la fe proveniente de una revelación divina absoluta que no sea definida como algo circunstancial o posible, pero que no rechace el anhelo de identificación interna del creyente con los principios de la fe, la Torá, los preceptos, que surgen del arduo trabajo intelectual humano.

El servicio divino que caracterizó a los patriarcas, antes de ser entregada la Torá con su sistema de normas que obliga al creyente a su realización, se definía desde una perspectiva de voluntad, es decir como quien "cumple voluntariamente", como consecuencia de una entrega interna que reconoce el valor de la acción. La fuente de la palabra Torá nos la define como "instrucción", siendo una instrucción sobre las acciones que debemos realizar diariamente, como una guía en nuestras relaciones personales y sociales; siendo así puede ser proclive a llevarnos a un comportamiento artificial, rutinario donde falte la identificación del hombre con ella misma, mientras que la palabra "plática" define una expresión natural, un sentido liberador; en el hablar del ser humano se liberan sus sentimientos, sus perspectivas y sus anhelos, además en su expresión el hombre descubre su mundo interno y externo.

La plática de los siervos de los patriarcas es la naturalidad de la conducta vital que aprendieron en casa de sus amos, nuestros patriarcas, aunque en el futuro esta naturalidad se perfeccionará y será fijada como mandato divino y absoluto, no obstante es mucho lo que podemos aprender de esta naturalidad en el servicio al Creador, que es el mensaje vital de los patriarcas. Esta naturalidad ética fue necesario que surgiera como una etapa previa a la entrega de la Torá, como se declara "el buen comportamiento (dérej etertz) se anticipó a la Torá", por lo tanto a pesar que la obligatoriedad en la acción es más meritoria que lo voluntario, la plática de los siervos de nuestros patriarcas es más bella que las enseñanzas de sus hijos.

 



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