Editores de judaismohoy
Pesaj

Primavera de libertad

Ver no es sólo una bella experiencia para los ojos. Más que eso, ver los cambios de la primavera es un acontecimiento que ocurre una vez al año para maravillar al hombre.  No en vano HaShem el Creador de todo, coloca al hombre en un mundo de períodos y transformacio
First slide

Ver no es sólo una bella experiencia para los ojos. Más que eso, ver los cambios de la primavera es un acontecimiento que ocurre una vez al año para maravillar al hombre. 
No en vano HaShem el Creador de todo, coloca al hombre en un mundo de períodos y transformaciones. El maravilloso ritmo que se desarrolla en el “gran mundo” tiene como objetivo influir en el “mundo pequeño”, vale decir, en el hombre. 

Y así nos enseña nuestra Torá (Deuteronomio 16:1):
“Guarda el mes de la primavera, y realiza la ‘ofrenda de Pesaj al Eterno tu Dios, porque en el mes de la primavera el Eterno tu Dios te sacó de Egipto…” Este mandamiento es uno de los mandamientos más difíciles de la Torá. La Torá puso sobre los sabios de Israel la responsabilidad de asegurar que el mes de Nisán siempre caiga en la primavera, por cuanto que el pueblo de Israel tiene un calendario fijo, los meses y los años se rigen por la luna, sin embargo las estaciones van cambiando según el curso del sol. La diferencia entre el curso anual de la rotación del Sol y el de la Luna es de más de diez días, por lo tanto para equilibrar el año solar con el año lunar, los años deben hacerse bisiestos, vale decir que en unos cuantos años según la regla que fijaron nuestros jajamim, se añade un mes antes de Adar, y esto no es más que por en honor al mes de Nisán, que la Torá impuso que debe caer en la primavera. 

Y tenemos varias preguntas, la primera, ¿Por qué? y por otro lado ¿Y qué pasa si el mes de Nisán no cae en la primavera?, otra pregunta ¿Por qué la Torá nos exige un sistema completo de años bisiestos? 
La respuesta se puede leer en el mismo versículo (ibid.): “Porque en el mes de primavera HaShem tu Dios te sacó de Egipto”.

Explíquemos esto: 
El nombre del país es Egipto, así lo llaman, y de este nombre proviene el secreto de su poder: Mitzrayim.

Los mitzrim—los egipcios eran muy consciente del tremendo poder espiritual que se esconde en Am Israel. Entendieron que este pueblo es capaz de conquistar el mundo entero con su poder espiritual. En él se esconden la sabiduría y la verdad interior, y es capaz de arrastrar tras de sí a la humanidad entera. Esta situación era muy mala para el Faraón y para Egipto. 
Para ello hay que tener cuidado de que no se aproveche el enorme potencial espiritual de en ese tiempo, el “pueblo hebreo”. Por lo tanto hay que obligarlos a trabajar muy duro. Y la razón que tenían era que aquellos que trabajan duro no tienen tiempo para pensar, y aquellos que no tienen tiempo para pensar pueden pasar toda su vida sin conocer el potencial espiritual que se esconde en su interior. Por lo tanto pueden vivir toda su vida en su propio “sótano oscuro”, sin darse cuenta de los pisos superiores y de la maravillosa vista que ofrecen. 

Desde entonces, Egipto ha operado de la misma manera. Entonces lo llamaban trabajo duro, y hoy lo llaman capitalismo: Buscar el dinero, "¡Trabaja! ¡Trabaja duro! ¡Trabaja hasta morir! ¡Hazte una carrera, compra un apartamento, persigue los lujos, ahorra! Simplemente no pienses en el sentido de la vida. Porque quienes piensan en su sentido pueden encontrarlo accidentalmente...". Y, de hecho, el método ha demostrado su eficacia. Y cuando Moisés vino a anunciar al pueblo la redención venidera, la Torá dice: "Pero ellos no escucharon a Moisés a causa del cansancio de espíritu y del duro trabajo" (Éxodo 6). La gente no sólo era incapaz de pensar por sí misma, sino que ni siquiera pudieron oír.

Cuando Moisés acudió donde el Paró en nombre del pueblo y le dijo: El Di-s de los hebreos se ha encontrado con nosotros, por favor déjanos ir camino de tres días por el desierto…(Éxodo 5:3), la respuesta del Faraón fue muy típica: “Por qué distraen al pueblo de sus labores vallan a sus faenas” ¿es acaso la debilidad lo que los hace clamar, diciendo: “Vamos y ofrezcamos sacrificios a HaShem nuestro Dios”.  ¿Acaso aún son capaces de pensar? ¿Tienen tiempo para pensar en ese propósito?

Si es así dice Paró ¡no están trabajando lo suficiente! Así es como Egipto afronta el fenómeno de los brotes espirituales que surgen en el pueblo. "Hay que darles horas extras"... y entonces la gente no tendrá tiempo para pensar y no habrá lugar para la preocupación de los egipcios. 

Sin embargo, lo que Egipto hizo con el pueblo de Israel, el invierno lo hace con la tierra. El invierno pone restricciones a todas las fuerzas de la naturaleza. Los árboles se hunden en un letargo otoñal, las hormigas se reúnen en sus agujeros, la naturaleza con todos sus tesoros parece haber entrado en un profundo congelamiento hasta que llega el despertar la primavera.

Sólo cuando llega la primavera, las hojas de los árboles brotan, todo se vuelve verde y los retoños de los frutos germinan con un fuerte aroma. Los pájaros se apresuran a construir sus nidos y las mariposas salen de sus capullos. El universo entero cobra vida, como si despertara de un sueño profundo, este “fenómeno”se extiende en todas las direcciones y sonríe.

Así se desarrolla un proceso preciso de libertad. El potencial almacenado encuentra su camino hacia la realidad, hacia la realización, el despertar. Durante todo el invierno, las hojas y los brotes estaban ocultos en lo profundo del tronco y las raíces; el invierno se “paraba” sobre ellos y bloqueaba su camino. Con la llegada de la primavera, la naturaleza experimenta un éxodo, como el de Egipto, experimenta la libertad. 
Por lo tanto la Torá nos ordena, "Guarda el mes de la primavera... porque en el mes de la primavera yo los saqué a la luz..." - el Éxodo de Egipto no es un evento único que sucedió y terminó, y todo lo que nos queda ahora es la preservación del recuerdo de ese evento únicamente. Cada año, cuando llega la fecha señalada, el 15 de Nisan, a cada judío se le da la oportunidad de salir de Egipto. 

¿Quién de nosotros no tiene su “propio Egipto”? ¿Quién no siente a veces que su vida no va en el camino correcto? Hay tanta profundidad que “excavar”, hay tantas faenas no realizadas y que están escondidas en nosotros. ¿Quién no quisiera ser “lo que realmente debería ser, no lo que malamente se acepta, no lo que todos los demás son? ¡Debemos aspirar a ser el verdadero yo! Debemos sacar nuestro yo interno, debemos relucir, debemos mejorarlo, limpiarlo y hacerlo brillar! Esto es libertad. 
Cuando el Creador de todos los mundos sacó a los Hijos de Israel en el mes de primavera, no fue una fecha al azar. En esta fecha había una profunda intención divina que es combinar la libertad humana con la libertad de la naturaleza. 


Así el judío podrá vivenciar el espectáculo de libertad que el universo le está presentando y así celebrará la fiesta de la libertad, la fiesta del potencial realizado, que es la fiesta de Pésaj.


Traducido con autorización de Arachim, escrito por Por Rav Yehuda Ruban www.arachim.org/ArticleDetail.asp?ArticleID=13778


 



Articulos Relacionados

Inscribite
Contactanos