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MOSHE RABENU, COMPAÑIA DE SEGUROS
…como mi señor ordenó…como mi señor dijo. Bamidvar (32,25-27)
¿Por qué los hijos de Reuben y los hijos de Gad, cambiaron su lenguaje? Primero dijeron “como mi señor ordenó”, y más tarde “como mi señor dijo”, pregunta el rab hagaon Shlomo Levinstein Shlita.
Contesta el Maaril Diskin, que al principio contestaron con sencillez, naturalmente, diciendo que irían a la guerra, tal cual como Moshe Rabenu les había ordenado. Pero al parecer, en las palabras de Moshe Rabenu había un agregado. Moshe les dice “y después volverán”, y estas palabras esconden una garantía, de que todo el que salga a la guerra, volverá a su casa cuando la guerra finalice. Esto no es nada menos que un seguro de vida por catorce años, para cada hombre de las tribus de Reuben y Gad que saliera a la guerra. Y cuando hay una garantía, no necesitamos una orden, alcanza con un dicho.
Y cuando salieron a la guerra y escucharon esta garantía, también salieron a la guerra las personas mayores, que ya habían sido liberadas del ejército. Y se basan en lo que dijo Moshe, sabiendo que la palabra que sale de la boca de un justo, nunca volverá vacía… siempre vendrá acompañada de su recompensa.
Rabi Reuben Karelinshtein ztz”l nos dice que hoy también está muy aceptado el hacer seguros de vida, pero estos seguros, por lo visto, son seguros de muerte, ya que sólo empiezan a ejecutarse, después de la muerte del asegurado.
Unicamente Moshe Rabenu es capaz de hacer un seguro de vida, como el que hizo para los hijos de Reuben y para los hijos de Gad, asegurándoles catorce años más de vida…
Mucha gente enferma, se levantó de sus camas, sanando contra todas las lógicas, gracias a la ayuda de la fuerza de la palabra de un hombre justo. Ya que Hakadosh Baruj Hu hace cumplir lo que el justo decreta.
Rabi Reuben contó, que escuchó del yerno de rabi Shalom Shevadron ztz”l, el siguiente relato, que tiene que ver con el tema que tratamos, y sobre el cual rabi Shalom confirmó su veracidad en todos los detalles.
La hija de un iehudi contrajo una enfermedad muy grave, lo alenu. Una bacteria muy peligrosa había entrado en su sangre. La muchacha había perdido el conocimiento y todos estaban preparándose para lo peor. El padre, destruido, corrió a ver al “Jazon Ish”, y volcó todas sus lágrimas frente al justo, una por una. Hace falta una oración colectiva, ordenó el “Jazon Ish”, al escuchar los pormenores del caso. Ve al “Colel” y dile a todos los presentes que reciten el Tehilim, todos juntos. Después de avisarles, volverás aquí…
El iehudi corrió hasta el Colel, y después volvió junto al “Jazon Ish”, como el rab le pidió, que ahora le preguntó: ¿puedes asegurarme que no contarás nada a nadie? El hombre le aseguró de mil formas que no saldría una palabra de su boca. Y el “Jazon Ish” le dijo: saldrás de aquí e irás al hospital donde está tu hija. Y sin hablar una palabra, te pararás a su lado hasta que comience a llorar. Cuando llore, será la señal de que está sana, y podrás llevártela a tu casa…
El iehudi fue, entró al hospital y se paró junto a la cama donde reposaba su hija. Las enfermeras miraban con un signo de interrogación en sus rostros, a ese padre que estaba allí parado sin moverse. En un primer momento llegaron a pensar que su mente estaba un poco alterada debido al gran sufrimiento. Los médicos que se acercaban y querían revisar a la niña, le pedían que se mueva un poco, pero no había con quién hablar. El hombre no tenía la intención de moverse ni de hablar. Pasó una hora y media, y al iehudi ya le dolían las piernas, pero aun así siguió parado en su lugar, sin moverse. Pasaron dos horas, y la hija comenzó a llorar. De tanta emoción, olvidó lo que debía hacer. Y al no saber qué hacer, viajó volando a ver al “Jazon Ish”…
Mi hija está llorando, le dijo al rabino, ¿qué debo hacer con ella? Ya te lo había dicho antes, le dijo el “Jazon Ish”. Si llora, es porque está sana, y tienes que llevártela a tu casa… Pero no a esta hora de la noche, es muy tarde… ve a tu casa a dormir, y mañana por la mañana, vuelves al hospital y llevas a tu hija de vuelta a tu casa.
Por la mañana, el padre regresó al hospital. Apenas entró a la sección donde su hija estaba internada, todos los dedos comenzaron a señalarlo: ¡Es él!
Todo el mundo hablaba entre sí y todos trataban de hablarle. Entre la mezcla de voces podía escucharse la pregunta: ¿qué hiciste ayer? Un profesor, el jefe de esa sección del hospital, se acercó a él y le dijo: ¿qué pasó ayer, cuando estabas parado al lado de tu hija? En mis años de ejercicio de la medicina, he visto muchos milagros. Muchas personas salieron de situaciones muy peligrosas. Pero, normalmente, una persona que llega al estado en que estaba tu hija, jamás podría sanar de un momento a otro. Si sana, con la Ayuda de Hashem, sería un proceso que le llevaría un tiempo. Con tu hija sucedió algo maravilloso. Desde el momento en que lloró ayer, la bacteria que tenía en la sangre, desapareció. ¿Qué hiciste?
-No hice nada, el iehudi intentó evadir la investigación… -Quiero que solamente me contestes una pregunta, le pidió el profesor y ahora lo miraba a los ojos, ¿acaso estuviste con el Jazon Ish?...
El Jazon Ish le pidió que no cuente lo que hablaron, pero no podía negar que estuvo con él antes de entrar al hospital…
Esto es lo que está escrito (Iov 22,28): se dice el decreto y se cumple. La fuerza de la palabra del justo, le da forma a la realidad.
Rabi Reuben nos agrega un suceso que aconteció con su propio padre. Un día, el padre tuvo un ataque al corazón, y de inmediato, después de ese ataque, tuvo otro. En el hospital, ya estaban anunciando algo peor, y preparaban a rabi Reuben para que reciba la noticia con la mayor tranquilidad posible. Le decían que su padre estaba viviendo un tiempo prestado, y ahora, sólo era cuestión de tiempo, esperar que el cuerpo permita que el alma regrese al Cielo.
Apenas terminó la Tefilat Shajrit, rabi Reuben corrió a hablar con el Staipeler, y cuando éste lo vio, enseguida le preguntó por la salud de su padre. -Dicen los médicos que la situación está muy difícil, contestó rabi Reuben. -¿Tu padre está en tu casa o en un hospital?, se interiorizó el Staipeler. -En el hospital. -El va a estar sano, la voz del Staipeler sonaba muy clara. -Dicen que la situación es muy difícil. -El va a estar sano, volvió a decir el Staipeler.
Rabi Reuben regresó a su casa y se encontró con su madre, que quería escuchar qué había dicho el Staipeler. Rabi Reuben, que no quiso darle a su pobre madre una falsa esperanza, dijo: el Staipeler le dio su bendición para que esté sano. Pero el Staipeler no dio una bendición, sino que “lo dijo”. Por eso, su padre vivió otros trece años, gracias a la palabra del Staipeler.
Rabi Israel Bunim Shriver, el hijo de rabi Pinjas Shriver ztz”l, atestiguaba sobre su padre: un día, comenzó a fallar la vista de mi padre. El viajó a Tel Aviv para pedir consejo a un gran especialista. El doctor pudo comprobar que tenía una malformación en un ojo, lo que llamamos tumor, lo alenu, y era necesaria una intervención quirúrgica muy compleja.
Cuando llegó de regreso a Bnei Brak, aun antes de entrar a su casa, entró a ver al Staipeler y le contó lo ocurrido. El Staipeler contestó concretamente: están soñando… necesitas comprar anteojos.
El rab Shriver intentó contarle al Staipeler, que el diagnóstico fue dado por un especialista muy importante, pero el Staipeler no dio ni siquiera un pasito hacia atrás, y volvió a decir las mismas palabras: ve y compra anteojos para tu padre.
El rab hizo lo que el Staipeler le ordenó, compró los anteojos, y está de más aclarar que el problema desapareció como si nunca se hubiera presentado…
Debido al conocimiento sobre el poder de una bendición en la boca de un hombre justo, ningún enfermo debería dejar pasar la oportunidad de recibir una bendición de sus labios, más cuando todo enfermo tiene que saber y creer con fe completa, que la curación siempre proviene del Cielo.
Es cierto, no debemos dejar de tomar los medicamentos que nos receta el doctor, ya que a partir de ese comienzo, Hashem manda la curación.
Podemos encontrar un ejemplo en el libro “Olamo Shel Aba”. El justo de Mitshenger era conocido en todo el país – Hungría – como milagrero, y de todas partes llegaban enfermos para recibir la bendición y el consejo del justo. Acostumbraba a escuchar a los pacientes, y, sin revisarlos, escribía una receta y los enviaba a comprar en la farmacia del pueblo, donde había muy pocos medicamentos.
Con el tiempo, el dueño de la farmacia se enriqueció, ya que eran muchos los enfermos que visitaban al justo, y todos le compraban los medicamentos en su negocio. Decidió mudarse a la capital, a Budapest, y vendió la farmacia a un húngaro, no iehudi. Pasó un tiempo, y el antiguo y el nuevo dueño de la farmacia, se encontraron un día en la capital. Cuando le preguntó al nuevo dueño, cómo seguía su negocio y su relación con el justo rabino, que le enviaba tantos clientes, éste dijo: no tengo cómo sostenerme, estoy al borde de la quiebra…
-¿Cómo es posible? ¿Acaso el rabino se fue del pueblo? ¿O ya los enfermos no llegan a verlo? -No, nada de eso, todo sigue como siempre, contestó. Lo que sucede es que la mayoría de los medicamentos que el rabino receta, yo no los tengo…
-No, no puede ser que seas tan ignorante, se quejó el farmacéutico de Budapest. Conmigo pasaba lo mismo… ¿acaso tú piensas que los medicamentos son los que curan a los enfermos?... Las bendiciones del rabi son las que curan… y yo a todos les daba el único medicamento que tenía en mi farmacia. Puedes hacer igual y verás que todo estará bien…
Contaron también sobre un gran doctor, que se desvió del camino, y un día de Iom Hakipurim, tuvo que atender una parturienta en Laalov, y al ver la santidad del Rebe, se arrepintió y volvió, hasta se convirtió en un gran rabino.
Muchos enfermos llegaban a ver a este rab para pedir salud y bendiciones. Y a todos les escribía una receta. Les ordenaba romperla y comerla, y de esta forma llegaba la curación…
Para enseñarnos que ni el doctor ni las medicinas curan al hombre, sino sólo el Creador, haciendo que se cumplan las palabras del justo…
Umatok Haor.
LEILUY NISHMAT
Israel Ben Shloime ztz”l
Daniel Israel Ben Iehuda ztz”l
Shlomo Ben Simi ztz”l
Rab Itzkaj Ben rabi Shalom Mordejai Shevadron ztz”l
Lea (Luisa) Bat Rosa Aleha Hashalom
Leah Guitel Bat Rajel Aleha Hashalom
Sofía Bat Baruj Aleha Hashalom
Iemima Bat Abraham Avinu Aleha Hashalom
Olga Bat Rosa Aleha Hashalom
Clara Bat Elías Aleha Hashalom
Rivka Bat Mordejai Jaim Aleha Hashalom
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