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La naturaleza y la supervisión divina

Niveles de fé La naturaleza y la supervisión divina Escribe Rav Desler en su libro Mijtav me Eliyahu. *El primero de los niveles de fé en el que el ser humano debe ocuparse profundamente, es la creencia en la existencia de la supervisión Divina. Incluso una pe
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Niveles de fé

La naturaleza y la supervisión divina

Escribe Rav Desler en su libro Mijtav me Eliyahu.

*El primero de los niveles de fé en el que el ser humano debe ocuparse profundamente, es la creencia en la existencia de la supervisión Divina.

Incluso una persona que está en un nivel muy bajo, que en lo que respecta a la naturaleza le parece que el mundo se mantiene por sí mismo, si solamente inspeccionara y no cerrara sus ojos, vería que todo actúa con una supervisión exacta, por cuanto Hashem es el que “maneja” toda la naturaleza.

Como aprendimos de nuestros sabios, que la visión de la naturaleza para un ser humano, se puede comparar a una persona que está mirando detrás de una persiana y vislumbra por medio de un pequeño agujero lo que hay dentro de la habitación, y ve una lapicera escribiendo, sin embargo, el no puede ver la persona que está escribiendo con la birome. Lo mismo le parece a una persona que cerró sus ojos, y ve solamente que la naturaleza es la que actúa, y no puede vislumbrar que Hashem es quien la maneja.

Para él, su trabajo de fé, es aprender a saber con certeza que hay una fuerza superior que maneja la naturaleza, y saber esto con la misma seguridad en nuestro ejemplo, de que hay una persona que está escribiendo con el bolígrafo, y que no hay ninguna posibilidad de que el escriba solo*.

Tratemos de razonar este concepto con otro ejemplo. Si tomáramos tornillos, engranajes, resortes, punteros y los “batimos” todos juntos en una caja, cualquier persona que tiene dos dedos de frente podrá entender que cuando paramos la “batidora” que mueve para arriba y abajo todos los componentes, estos no calzarán solos unos con otros para formar un reloj, todos saben que para armarlo, necesitas de un relojero experimentado.

Así también, siguiendo con otro ejemplo, si se derramara accidentalmente un tintero sobre un papel, la tinta manchará la superficie de forma irregular y sin sentido, y no dejará más que una mancha. Es imposible que por “pura casualidad”, esas gotas de tinta derramadas formen espontáneamente una caligrafía perfecta, letras legibles o un poema hermoso y coherente.

La conclusión es que así como la tinta necesita de una “mano inteligente” y deliberada para escribir un texto coherente, también así, la enorme complejidad de la naturaleza, el diseño y las leyes precisas que dirigen todo en el universo exigen la existencia de un Creador que ordena y administra todo; atribuir la creación del mundo a una serie de coincidencias ciegas o al azar es tan ilógico como esperar que una mancha de tinta forme una obra de arte por sí sola, o que el reloj se arme por los movimientos bruscos de sus componentes dentro de una caja.

Poder ver la verdad requiere de una visión tranparente, sin limitaciones ni prejuicios. Tan solo con poder ver una flor que se abre con la luz del sol y se cierra cuando este se pone, poder ver una hormiga que camina en “su fila” sin desviarse de su camino para llevar su alimento a la madriguera, o ver la metamorfosis de una mariposa y ver la belleza del diseño de sus alas, requiere de una perfección sin obstáculos. Poder gritar y decir MA RAVU MAASEJA HASHEM, cuan grandes e infinitas son tus obras HaShem, requiere de esa fe pura de que no es solo la naturaleza, sino poder afirmar que El que creó también la naturaleza creó esto y muchísimo más, Creó el cielo y la tierra y todo lo que hay en ellas, creó todo el universo.

Y Lo sigue manejando en cada instante, dándole nuevas fuerzas, nueva vida, como está escrito, HAMEJADESH BETUVO BEJOL YOM TAMID MAASE BERESHIT. El que, con su bondad, renueva cada día, continuamente, la obra de Su creación.

Sin Su dirección y Su cuidado, todo el mundo dejaría de existir. Ein Od Milevado. ¡No hay ninguna otra fuerza más que El!

 

*Traducción no literal

** La frase «que, en Su bondad, renueva cada día, continuamente, la obra de la creación» forma parte de la bendición «Yotzer Or», que se recita cada mañana durante la Tefila de Shajarit.

 

 

 

 

 

 

 



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